La dependencia emocional

Textos y fragmentos que versan sobre el tema desde diversos enfoques cognitivos

Lo más característico de la dependencia emocional se refiere a la presencia de un vacío o necesidad afectiva no satisfecha que se intenta cubrir a través de la relación de pareja. 

A continuación se describen los aspectos más relevantes que caracterizan esta forma de sentir y actuar.

Idealización 

«Es increíble». Como si viviera en una fase perpetua de enamoramiento ideal, encontramos que la persona dependiente piensa que su pareja es extraordinaria. En algunos casos se tiende a sobredimensionar sus cualidades, aptitudes o méritos. El objeto de deseo es percibido como muy inteligente, sensible, fuerte, guapo/a, carismático/a y/o profesional.

Centralidad de la relación 

«Amo por encima de todas las cosas». La persona dependiente emocionalmente pone a su pareja y/o su relación por encima de todo, incluyéndose a sí mismo/a. El propio bienestar o malestar psicológico está condicionado por el grado de satisfacción en este ámbito; es decir, se tiende a atribuir toda felicidad y/o infelicidad a pequeños o grandes episodios de la relación afectiva. Así, en muchas ocasiones, la persona va dejando poco a poco de lado a sus amigos/as, descuida su desempeño laboral o académico, sus intereses, aficiones, etc. Una cosa es vivir con mi pareja y otra es vivir mediante ella.

Búsqueda de proximidad constante 

«Siempre a su lado». Se acostumbra a desear un acceso constante a su pareja. Cuando esto no es posible, el hambre de afecto del dependiente se satisface a través de llamadas, mensajes de texto, correos electrónicos, etc. Esta cercanía no se relaciona sólo con su presencia física, a veces también existe una tendencia a participar en sus aficiones o intereses, y crear vínculos con sus amistades o familiares. Los deseos de acercamiento de la persona dependiente suelen convivir con la búsqueda de espacio personal de la pareja. La diferencia de demandas entre uno/a y otro/a crean el caldo de cultivo perfecto para el conflicto.

Miedo al abandono

«Como me deje me muero». La dependencia emocional conlleva un alto grado de conflicto y malestar psicológico. Sin embargo, la ruptura no suele contemplarse como una opción válida. El dependiente emocional coloca en el centro de su universo a su pareja y orbita en torno a él o ella. Por ello, pensar en una ruptura o abandono provoca que tiemblen los cimientos de su realidad.

Dinámicas de poder 

«A ver quién puede más». El sobredimensionamiento del amor, la búsqueda de cercanía, la idealización y el miedo al abandono crean dinámicas de poder descompensadas y complejas. Para terceros, las personas dependientes pueden vivir sometidas a sus parejas. Sin embargo, la persona dependiente puede mantener parcelas de poder de distinto tipo (económico, sexual, doméstico, etc.) motivadas consciente o inconscientemente por la compensación hacia sus cesiones.

Celos 

«No soporto cómo le miras». Aunque los celos no son exclusivos de las personas emocionalmente dependientes, se trata de un rasgo que aparece con bastante frecuencia. En muchos casos, subyace una expectativa de exclusividad que no siempre es satisfecha. Dado que la persona sitúa en el centro de todo al otro/a y su relación, espera que él o ella responda de la misma forma. El resultado puede ser muy frustrante.

Autoengaño 

«Nada…, son cosas del amor». En muchas ocasiones, los celos coexisten con el autoengaño. Es decir, es la propia persona dependiente emocional la que, casi siempre de forma inconsciente, tiende a procesar sólo aquella información coherente con su historia de amor. Así, o bien no se percibe o minimiza lo descompensado de la relación o bien se buscan excusas (y se encuentran) para negar o explicar los conflictos, humillaciones, infidelidades y/o la diferencia de implicación entre ambos miembros de la pareja.

Repetición de esquemas

«Tropezar una y otra vez con la misma piedra». No se trata de una condición necesaria. Las dinámicas relacionales que se establecen varían en cada relación de pareja y de acuerdo a cada momento vital. Sin embargo, la persona dependiente emocional presenta cierta tendencia a repetir los mismos patrones de relación.

Los apartados anteriores componen un perfil con algunas de las características más relevantes y frecuentes de la dependencia emocional. No siempre aparecen todos estos factores o no siempre adquieren la misma relevancia. No debemos olvidar que cada persona es única. Además, la tendencia a significarse o completarse a través de la relación de pareja, que subyace a la dependencia emocional, presenta múltiples formas.

Posibles causas de la dependencia emocional

Los relatos biográficos de estos pacientes  destacan por la persistente aparición de este tipo de carencias. La frialdad, el rechazo, el desprecio y la soledad son denominadores comunes en la infancia de estas personas. Sus relaciones insatisfactorias con el entorno no necesariamente se habrán fundamentado en el déficit de sentimientos positivos, sino  también en la presencia de afectos negativos. Entre éstos destaca el rechazo, insultos, humillaciones, menosprecios, gritos, devaluaciones e incluso abusos físicos y/o sexuales. La carga de estas circunstancias interpersonales adversas será directamente proporcional a la magnitud de la dependencia emocional adulta.

La falta de afecto persistente que han sufrido estas personas se puede adivinar también por su déficit de autoestima, algo que les conduce a no aceptarse, no gustarse en su totalidad como personas que son. Por eso, también, el dependiente emocional es incapaz de amar tal y como lo entendemos los demás, como un intercambio recíproco de afecto. Al no amarse a sí mismos no pueden transferir ese amor a los demás, formando de esta manera vínculos afectivos inadecuados.

El sujeto, en este caso un dependiente emocional, despliega sentimientos positivos hacia su entorno (demanda cariño y aceptación hacia las otras personas, las valora, las busca), pero éste no los corresponde adecuadamente, sea mediante un déficit de afecto, sea con la aparición más o menos continua de situaciones emocionalmente negativas como rechazos, hostilidad, violencia, burlas, etc. Por no recibir el afecto y la valoración suficientes, necesarios para nuestro desarrollo psíquico saludable, el sujeto despliega hacia sí mismo sentimientos negativos. En consecuencia, como el dependiente se vincula afectivamente con su entorno, se trata a sí mismo de idéntica manera a como es tratado por los demás, ahondando y contribuyendo a la minusvaloración de su persona. La falta de autoestima y la continua búsqueda de los demás para compensar ese déficit produce desde muy tempranas edades la configuración de esquemas cognitivos e interpersonales de naturaleza disfuncional. Entre otros encontramos la idealización del otro, la sumisión como instrumento para evitar el abandono, la relación de pareja como adhesión y admiración y no como intercambio recíproco de afecto desde una posición igualitaria.

Pensamientos típicos de la dependencia emocional

Estos pensamientos en algunas personas que padecen de dependencia emocional, son conscientes, es decir se dan cuenta de ellos aunque sienten que no pueden cambiar. Pero es más frecuente que las personas no sean conscientes de estos pensamientos, es decir, la persona no piensa así, pero el pensamiento vive en su actitud, conducta o reacción emocional. Veamos algunos ejemplos:

  • “Tu felicidad es la mía, mi felicidad depende de la tuya” 
  • ”Todo lo que hago, lo hago por ti” 
  • “Tú eres más importante que yo” “Tu tienes más derechos que yo” 
  • ”Vivir para el otro” 
  • “Te amo, luego existo” Valgo porque me amas. 
  • ”Amar es dejar de ser uno mismo” 
  • ”El ser para el otro, te impide el ser para ti” 
  • ”Se desaparece en el ser amado”. Invisibilidad. 
  • ”Quiero agradarle, quiero que me acepte, quiero volverme imprescindible  y necesari@ para mi pareja” 
  • ”Mi pareja lo merece todo: consagración y esfuerzo sin limites de mi parte”.
  • ”Si no sufre por mí, no me ama”.
  • «Soy débil, soy inútil, soy un ser indefenso, necesito alguien más fuerte que yo en quien pueda confiar y que se haga cargo de mí”.
  • ”Si no me das carta abierta para estar en cada rincón de tu mente y de tu corazón, tienes algo que esconder o no me amas”.
  • La felicidad de tu pareja es la tuya y tu felicidad depende de la pareja.
  • Todo lo que haces, ha de ser por y para la pareja.
  • Tu pareja es más importante que tú y tiene mas derechos.
  • Tienes que vivir para el otro.
  • Amas, luego existes; vales porque amas.
  • Amar es dejar de ser uno mismo. 
  • Has de desaparecer en el ser amado. Ser invisible.
  • Tienes que agradarle, volverte imprescindible y necesaria para él/ella.
  • Eres débil, eres inútil, necesitas alguien más fuerte que tú.
  • Si no te llama constantemente, no te quiere, seguro que piensa en otra/o.

Una relación es libre y autónoma cuando

  • Puedes disponer de tu tiempo y tus cosas 
  • Expresas tus puntos de vista cómodamente 
  • Puedes desarrollar tus actividades tranquilamente 
  • Las obligaciones no te asfixian 
  • Tu pareja no te vigila ni está pendiente de ti, las 24 horas del día para demostrarte que te quiere más. 
  • Sientes que creces como persona 
  • No debes pedir permiso. Hay comunicación y se respetan los espacios de cada uno. 
  • Tu pareja escucha seriamente tus quejas y respeta tus decisiones, sin intentar cambiarte.

Tener límites claramente definidos, mantiene a salvo nuestra individualidad. Según Robin Norwood, (2000) las características que ha de poseer una persona para tener una relación de pareja sana, son: 

  • Se acepta a sí misma, aún cuando desea cambiar partes de sí misma/o. 
  • Acepta a los demás tal como son, sin tratar de cambiarlos para satisfacer sus propias necesidades. 
  • Está en contacto con sus sentimientos y actitudes en todos los aspectos de la vida, inclusive la sexualidad. 
  • Se autoaprueba en lugar de buscar una relación que le otorgue una sensación de valor propio. 
  • Su autoestima es lo suficientemente grande para que pueda disfrutar de la compañía de los demás. 
  • Sabe que una relación para que funcione, debe darse entre dos personas que comparten objetivos, intereses, y valores similares. 
  • Valora la serenidad. El caos, los dramas y las luchas han perdido atracción. 
  • Se protege a si misma: su salud y su bienestar 
  • Sabe que ella es digna de lo mejor que le puede ofrecer la vida. 
  • Se pregunta ¿esta relación es buena para mi, me permite llegar a ser todo lo que soy capaz de ser? En vez de subordinarse al otro, actuar como si una no tuviera a nadie, más que a sí misma en quien apoyarse. 
  • Renuncia a manejar y controlar a tu pareja y así centrarse en una misma, en su propia vida, sus problemas, su dolor, sin distracciones. 
  • Deja el hábito de culpar a otros por la infelicidad de sus vidas, mientras niegan sus propios fallos y decisiones. Dejar de mostrarse y sentirse como victimas. 
  • Deja de estar ocupadas pensando en la pareja, porque eso les ha impedido tener vida propia. 
  • Es capaz de enfrentarse al vacío cuando no se está concentrada en otra persona. Abrazar ese vacío, sentirlo en toda su intensidad para llenarlo con autoaceptación. 
  • Escuchar con atención la voz interior y pasar de cuidadora de los demás a cuidadora de sí misma, sin tratar de complacer para ganar la aprobación y el amor de otros. 
  • Vence el miedo a ser rechazadas permitiendo que alguien nos vea de  verdad, sin disfraz. 
  • Se relaciona con los demás, expresando nuestra propia esencia, y no con la intención de gustar al otro, porque eso significaría no ser nosotros mismos. 
  • Es capaz de ser egoísta, desde la concepción positiva de ser el centro de uno mismo. ¿Si nosotros no somos el centro de nuestra propia vida, quien lo va a ser? Al fin y al cabo, la gente aparece y desaparece de nuestras vidas con gran facilidad y los únicos que no nos abandonaremos y con el que estaremos el resto de nuestras vidas, es con nosotros mismos. 
  • No olvida, que nadie nos puede hacer sentir inferiores o invalidados, si nosotros no damos nuestro permiso. No existen torturadores si no existen víctimas.

Características del Otro del dependiente emocional

Es fácilmente idealizable 

La tremenda falta de autoestima y la insatisfacción consigo mismo del dependiente emocional provoca que queden realmente fascinados ante personas con un ego muy sobrevalorado, fuertes, dominantes, soberbias, seguras de sí mismas. Consideran a estas personas como “interesantes”, cuando a otras podrían perfectamente resultarnos como antipáticas o presuntuosas.

Es narcisista y explotador

Esta característica viene especialmente motivada por su personalidad, pero convenientemente facilitada por el comportamiento sumiso de los dependientes emocionales, que perpetúa y consolida estos rasgos.

Finalmente, es preciso añadir que no todas las parejas que tenga un dependiente emocional se ajustarán a este perfil, porque éste también lleva a cabo “relaciones de transición” cuyo fin únicamente es mitigar el dolor de la soledad y la necesidad afectiva insatisfecha. En estas relaciones de transición casi cualquier perfil de persona es válido para formar parte de ellas.

Pautas

1. El proceso terapéutico debe orientarse al análisis de las necesidades emocionales y afectivas, las formas en las que se procura su satisfacción y las dinámicas resultantes en la relación de pareja. Un punto de partida deseable es la toma de conciencia y entendimiento de la problemática por parte del/la persona dependiente.

2. Es conveniente asumir un punto de vista realista sobre el otro/a, observando sus cualidades positivas y negativas. Debe aprenderse a amar desde el conocimiento y la aceptación, y no tanto desde la admiración. También es necesario no olvidarse de sí mismo y potenciar los espacios individuales o relacionales ajenos a la pareja. En este sentido, el trabajo para fortalecer la autoestima y autonomía de la persona es clave para lograr una mayor capacidad para establecer relaciones saludables. 

3. Es conveniente deconstruir el rol de víctima (cuando se da) y entender la responsabilidad compartida de los éxitos y fracasos afectivos. Asumir que se es parte activa en el desarrollo de la relación nos hace conscientes de que podemos tomar el control. Esta toma de conciencia posibilita el cambio de aquellos aspectos que suponen barreras y facilita el proceso para iniciar y mantener relaciones más satisfactorias.

Cuadrantes de la dependencia emocional

  • Cuadrante simetría complementaria o complementariedad simétrica (ambos miembros comparten poder y plenitud en el mismo grado, aproximadamente)
  • Cuadrante simetría deficitaria o déficit simétrico (ambos miembros gozan del mismo poder, pero ambos creen que son claramente deficitarios).
  • Cuadrante asimetría complementaria o complementariedad asimétrica (uno de los miembros goza de mayor poder que el otro, aunque ambos se complementan o, al menos no detectan carencias en sí mismos o en el otro).
  • Cuadrante asimetría deficitaria o déficit ásimetrico (uno de los miembros goza de mayor poder y recursos que el otro o bien uno detenta el poder y otro los recursos). 

Vamos a partir del supuesto que por el hecho de establecer una relación, independientemente de las características individuales de cada uno de los miembros que la componen, puesto que nadie nace simétrico ni complementario, se genera un ámbito de interacción en el que cada uno se posiciona en función de los vectores simetría – complementariedad en juego. Esto da origen a las diversas modalidades de relación que se construyen en el seno de cualquiera de los posibles cuadrantes.

Cuadrante 1: simetría complementaria

Si la relación se establece en el cuadrante simetría – complementariedad, ambos miembros de la relación se reconocen un poder y autonomía similares. Comparten gran parte de sus objetivos, construyendo una amplia zona en común, donde hay lugar para las diferencias, que viven como complementarias, no como antagónicas. Se respetan y se escuchan mutuamente; toman acuerdos en común y en aquellas cosas en que no coinciden permiten la discrepancia (por ejemplo en el ámbito laboral, de la familia de origen, de las amistades o en el de las aficiones y los gustos) o la alternancia (por ejemplo, 15 días en la playa y 15 en la montaña). Podrían vivir separados, y a veces los hacen como singles, pero prefieren hacerlo juntos, es más gratificante: la mutualidad o reciprocidad preside su relación.

Cuadrante 2: simetría deficitaria

Si la relación se establece en el cuadrante simetría deficitaria, lo más probable es que se produzca una lucha por el poder, recriminándose cada uno los déficits del otro y exigiéndose mutuamente una mayor contribución a la relación. Estas parejas, caracterizadas por fuertes carencias personales que llevan a la insatisfacción mutua, pueden romper violentamente o continuar toda la vida enzarzadas en la lucha por el poder, que naturalmente puede ejercerse de formas muy diversas, por ejemplo a través de la crítica o descalificación sistemática del uno contra el otro. Por desgracia pueden también implicar a los hijos, caso de tenerlos, en esta lucha, tanto si permanecen unidos como si se separan. Las armas empleadas pueden ser similares, como la crítica, o bien distintas según las características individuales, por ejemplo los gritos o violencia física por parte del hombre y el descrédito social y familiar por parte de la mujer o viceversa, que puede resultar particularmente problemática cuando hay hijos por medio.

O pueden adoptar ambos una postura pasiva/agresiva o pasiva/resignada, dejando pasar el tiempo sin abordar los problemas o permitiendo que se pudra la relación. En estos casos no suele haber violencia, sino una dejación del ejercicio del poder que con frecuencia lleva a la inactividad o a la inoperancia por ambas partes.

Cuadrante 3: asimetría complementaria

Si la relación se establece en el cuadrante de la asimetría complementaria o complementariedad asimétrica (el poder lo detenta uno solo de los miembros, pero los déficits se compensan mutuamente con los recursos del otro) se produce un movimiento espontáneo hacia la unificación de criterio, lo que suele implicar el dominio de uno y la acomodación del otro, a veces hasta la anulación o supeditación completa. Corresponde con el modelo patriarcal tradicional en muchas sociedades, donde con frecuencia la mujer pierde hasta su apellido, para tomar el del marido y, en los casos más extremos como en la India anterior a la colonización, puede llegar a morir echándose a la pira para acompañar al esposo difunto. Tales relaciones pueden llegar a ser satisfactorias para ambos cónyuges en conformidad con su modelo cultural, pero implican siempre un desequilibrio en el poder, aunque a veces se han establecido notables correctivos distinguiendo entre poder social, correspondiente por lo general al marido, y poder doméstico, correspondiente más bien a la mujer, lo que hace la relación más complementaria.

Cuadrante 4: asimetría deficitaria

Si la relación se constituye en el cuadrante asimetría deficitaria o déficit asimétrico significa que está basada sobre la distribución totalmente desigual del poder y de la complementariedad. Hay alguien que tiene todo el poder y todos los recursos y alguien que carece de ambos. Esta situación da origen casi espontánea- mente a una relación de dominación – sumisión. En estos contextos los maltratos pueden llegar a verse como algo consustancial a la estructura de la relación. Por ejemplo, en Polonia existe una expresión tradicional que dice: “mi marido ya no me quiere, ya no me pega”. Como dice Linares (2006):

“El poder, si es unilateral y sin compensaciones, es raro que se limite a proteger, y, por el contrario, muy probablemente sojuzgará y abusará”.

Pero pueden existir en este cuadrante relaciones fundadas sobre la distribución desigual del poder y los recursos que se establecen con una intención compensatoria, como las de Pigmalión que se busca mujeres ignorantes para enseñarles, o las mujeres cuidadoras que se atan a hombres necesitados de cuidado, que puedan resultar gratificantes para ambas partes mientras se atengan y en la medida en que consigan su objetivo compensador.

La dinámica oscilatoria de las relaciones

Obviamente, estos cuadrantes no son estancos y, particularmente en los puntos de cruce de los vectores y sus proximidades, pueden darse oscilaciones y superposiciones entren los distintos cuadrantes. Igualmente, a causa de la dinámica evolutiva de las relaciones pueden producirse corrimientos de unos a otros, o intentos más o menos explícitos de volver a definir las posiciones por parte de alguno de los miembros de la pareja o incluso de ambos cuando deciden acudir a terapia de pareja. En la película “Te doy mis ojos” la relación parte de una posición de asimetría deficitaria, donde él está arriba en posición dominante e intenta mantenerla a ella en posición sumisa: se entienden a la perfección cuando ella accede al juego sexual de darle todos los miembros de su cuerpo, uno por uno: pero luego se rompe este entendimiento cuando ella intenta colocarse en una posición simétrica complementaria, buscando un trabajo y una promoción cultural y profesional. Entonces él la humilla y la maltrata: se destapa Barbazul. La distinción entre ficción y la realidad, sin embargo, es sólo cuestión de formato narrativo. En estos casos sólo sirve la lucha por recuperar la dignidad.

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