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Carpe Diem

Escuchen ese ladrido, ese ladrido es la cosa mas triste que uno puede oir …El ladrido de ese perro es la voz nocturna de un hombre…Un hombre que grita a traves de su perro, pues ambos son esclavos compañeros de por vida, su tristeza, su aburrimiento. Está rogando a su muerte que venga y lo libere de las torpes y sombrías cadenas de la vida…Ese ladrido y esa soledad que crea, hablan de los sentimientos de los hombres. Hombres para los que una vida fue como una tarde de domingo, una tarde que no fue del todo mala pero si calurosa y aburrida y pesada. Sudaron y se fastidiaron más de la medida. No sabían adonde ir ni que hacer. Esa tarde les dejo solamente el recuerdo del tedio y de las molestias, y de pronto se acabó, de pronto ya era de noche.”

Relatos de poder, Carlos Castaneda

Vivimos de espaldas a la muerte. En nuestra sociedad la muerte ha desaparecido de las calles, de los hogares. Se considera de mal gusto, un tema tabú, tratar la muerte como un tema de conversación, como un asunto personal.

Nuestra existencia cotidiana transcurre bajo una premisa falsa: la muerte es lo que le ocurre a los demás y cuando esos demás están al borde de morir, los sacamos de los hogares para recluirlos en hospitales.

Obviamente nuestros intentos de negar la muerte fallan dado que esta nos persigue en los noticieros de radio y televisión diariamente. Tal impacto cotidiano no cambia, nuestra idea de que la muerte es algo que le pasa a los demás.

El hombre ha construído industrias supermillonarias cuyo fin explícito es postergar la muerte e incluso eliminarla. La más reciente expresión tecnologica es la industria creada en Estados Unidos de crionizacion, cuyo fin es congelar los cuerpos momentos antes y después de la muerte. Esto es una buena expresión del terror a morir de algunos, terror explotado muy sabiamente por los ojos siempre alertas del capital.

Si consideramos como tratamos y como nos relacionamos con nuestros muertos, vemos que, cuando se nos muere alguien querido , enseguida lo enterramos en el cementerio o lo incineramos. Normalmente le lloramos durante un tiempo más o menos prolongado, con esto manifestamos nuestro duelo y, luego, intentamos por todos los medios olvidarlo, para esto nuestro circulo social de amistades y familiares nos ayuda e incluso nos presiona a que lo consigamos.

No siempre y en todas partes ha sido así, en otras culturas y tradiciones a los muertos no se les olvida, ni íntima ni socialmente hablando. Su memoria se mantiene viva y se cultiva una especie de relación casi cotidiana con los ancestros desaparecidos. A nuestra cultura solo le queda la ceremonia anual del día de muertos, en el que cumplimos el rito de visitar sus tumbas y recordarles. En el llamado primer mundo, incluso esta costumbre va desapareciendo.

Necesitamos un cambio radical de la visión que tenemos de la muerte. Empezar a imaginar que la muerte es como la sombra, una invitada permanente que nos acompaña desde que nacemos y que alimentamos y engendramos día a día con nuestra forma de vivir. La muerte no es algo separado de mí o de mi vida, sino que es su complemento original y su culminación exacta.

Si la muerte es una presencia cotidiana, resulta interesante hacerla tu amiga y consejera!! La muerte como consejera, un aprender a escuchar al ser que sabe que va a morir. Solo ello contrarresta la morbidez del tema. Solo ello da alas a la vida y al espiritu.

Acabar con el pequeño ser inmortal que ceeemos ser que se siente justificado a pasarse el día afectado, enojado, y preocupados por cantidad de insignificancias: por ejemplo, lo que los demás piensan de uno, o lo que me hacen o no le hacen a uno, etc. Nos creemos que tebemos tiempo y con ello perdemos el tiempo en absurdidades sin número. Como nos aconseja Carlos Castaneda, el gran chamán; “(Se ha de) pedir consejo a la muerte y dejar la mezquindad de las personas que viven sus vidas como si la muerte nunca los fuera a tocar”

Tu muerte como consejera es la única que te da consejos sabios e infalibles. Uno de los más básicos: vivir como si cada día fuera el último. No hay tiempo para estupideces, no hay tiempo para enojos, no hay tiempo para obsesiones ni morbideces. Cultivar la conciencia de la muerte. Vivir para morir y morir para vivir. Carpe diem amigos y amigas…

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