De la herida a la cicatriz

Los pacientes a menudo no asumen sus síntomas y comportamientos neuróticos, no los aceptan de forma activa y tampoco viven su trastorno como su propio ser presente. En cambio, siguen viéndolo y viviéndolo como algo que se les impone, de hecho, casi como una especie de injusticia que se les ha inflingido por la vida. Son las «víctimas» de sus neurosis. Esta es una forma de negación y un intento de mantener a sí mismos en el estado de ilusión. De esta manera mantienen su neurosis, por así decirlo, en el estado de una herida abierta en lugar de verla como y dejar que sea una cicatriz.

En la esfera del cuerpo, es la naturaleza la que tiene que realizar la transición de la herida a cicatriz, y dependemos de la naturaleza con respecto a este cambio. Pero en el alma de la transición de la herida cicatriz es una tarea psicológica propia del sujeto, una tarea a realizar por él. Esto puede ser porque «herida» y «cicatriz» son, en psicología, realidades no físicas, sino que constituyen distintos modos de ver y de interpretar una misma situación.

«Herida» en este contexto psicológico significa empujar afuera constantemente los síntomas que se sufren, perpetuándolos como algo inmediato y no como algo ya no real. Es de alguna manera similar a cómo un hombre de negocios que, en realidad ya está en bancarrota pero sigue aferrándose a que su próxima transacción será su rescate, en lugar de admitir su desastrosa situación financiera y convertirla en una base sólida a partir de la cual proceder. Esta admisión requeriría la fuerza de trazar una línea por debajo de su vida de negocios como ha sido hasta ahora. Aquello se acabó, está concluido. Análogamente, la fuerza de poner punto final a su neurosis, la fuerza de considerarlo un hecho consumado, es lo que el neurótico, también, necesita si su neurosis ha de ser superada. Él debe apropiarse de su neurosis. Debe someterse a ella, permitir que sea su verdad (presente), y, precisamente, colocándose debajo de ella de esta manera convertirla dialécticamente en el suelo sobre el que se levanta y desde el que toma sus próximos pasos.


Curiosamente, el trazar una línea bajo su neurosis como un hecho consumado es en sí mismo el primer paso para salir de su neurosis. Hacerla que su propia realidad actual la convierte en un objeto, un hecho con el que él como sujeto puede relacionarse. A la inversa, si la neurosis se mantiene en el estado de la «herida abierta», el neurótico se aposenta (más o menos cómodamente) en ella, hace que sea su casa, lo que significa que se traduce en que se convierta en un eterno presente en lugar de un tiempo pretérito perfecto y que su punto de vista, inevitablemente, sea neurótico. Pero desde el punto de vista terapéutico se debe adoptar una posición vis-a -vis con su neurosis.
La auto-compasión, sentir vergüenza, sentimiento de inferioridad, sentirse injustamente víctima, quejarse de los síntomas propios: son diferentes modos de permanecer en secreto enamorado de la neurosis de uno y evitar trazar una línea debajo de ella.

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