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El viaje del director de recursos humanos

una película de Eran Riklis.

Guión: Noalh Stollman y Eran Riklis.

 Seleccionada al Oscar Mejor Película Extranjera 2011, Premio Público Festival de Locarno 2010, Premio Mejor Música Original Semana de Cine de Valladolid 2010.

Si atendemos a la lógica de globalización y la dinámica económica que constituye uno de los factores que más la determinan, vemos que en ella. el individuo cada vez ocupa un espacio menor. Más allá del interés que tiene como consumidor, el resto está obsoleto. Inmigración, masas de humanos móviles, desenraizadas que se mueven en función de las necesidades de la producción, reemplazables y por tanto anónimos, los sujetos devienen un mero número, su historia y sus singularidad irremediablemente perdida y su humanidad ignorada.

Este es el punto de partida del protagonista del viaje iniciático que propone la película. Un director de recursos humanos de una empresa (Mark Ivanir) que desconoce absolutamente la humanidad de los humanos que trabajan para él. La historia narrada nos muestra la terrible y grandiosa carga de humanidad que se revela cuando por trágicas circunstancias, éste se ve obligado a hacerse cargo de una de sus empleadas (Yulia) cuando fallece en un atentado terrorista.

Un viaje épico a Rumanía, la tierra de nacimiento de ella, el contacto con la realidad de lo que fue su vida actúan como el acicate de una toma de consciencia. Un mensaje aparentemente conmovedor y optimista pero que apenas consigue hacérnoslo creer. Parece que en el fondo, el director de recursos humanos es un buen chico y que el retorno a la humanidad acaba siendo necesario y previsible ya desde las primeras escenas de la película, pero persiste  el amargo sabor de boca que deja y que  tiene su referente inicial en la pregunta: ¿cómo es posible que la in-humanidad haya alcanzado el estatus de moneda corriente, de base esencial en la que se apoyan los cálculos económicos y los proyectos futuros?

 La toma de consciencia del director se asemeja a una gota de agua que cae en un desierto árido y carente de vida. Al igual que el destino de la gota es desaparecer evaporada por el tórrido calor, sin ser capaz de añadir fertilidad al terreno, el espectador acaba en contacto con esta terrible infertilidad que el cine parece prometer a masas de espectadores ávidas de sensaciones y experiencias pero poco o nada dadas a transformarlas en verdad.

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