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La importancia personal

Selección de textos y citas  antropológicas y psicológicas a cargo de Josep M. Moreno.

Definición

Aquello que nos debilita es sentirnos ofendidos por los hechos y malhechos de nuestros semejantes. Nuestra importancia personal requiere que pasemos la mayor parte de nuestra vida sintiéndonos ofendidos por alguien.

Nos tomamos demasiado en serio, nos damos demasiada importancia y eso nos da pretexto para enojarnos con todo. Así pensamos que tenemos carácter pero somos débiles y arrogantes.

Nos sentimos obligados a explicar nuestros actos como si fueramos la única persona que se equivoca en la tierra, esto es auto-importancia. Empleamos la mayor parte de nuestra fuerza en mantener nuestra importancia, y que nuestro des­gaste más pernicioso es la compulsiva presentación y defensa del yo; la preocupación acerca de ser o no admirados, queridos, o aceptados.

La importancia personal no es sólo el enemigo acérrimo de la humanidad entera. El punto de partida para acabar con la importancia personal es haber comprendido que la realidad es una interpretación que hacemos. Y lo que nos afecta no son las experiencias que vivimos sino las opiniones que nos formamos de ellas, como dijo Epícteto, el filósofo estoico, hace más de 2000 años.

La importancia personal tiene dos apectos, como la cara y cruz de una moneda. La primera es la auto-importancia personal propiamente dicha y la segunda es la auto-compasión que se expresa como el ir por la vida de víctima. Víctima de mi pareja, de mis traumas infantiles, de los demás, siempre que intentamos justificarnos en base a responsabilizar a los demás y al mundo de mi (mal)vivir estamos alimentando el “demonio” de la importancia personal. Auto-importancia personal y auto-compasión constituyen el más formidable de los obstáculos a nuestra libertad.

Estrategias

El error de cualquier persona es no tener una estrategia en la cual apoyarse; el defecto fatal es tomar demasiado en serio los sentimientos propios, así como las acciones de los demás.
Se lucha contra la auto-importancia como un problema de estrategia, no de principios o moralidad.
Perder la importancia personal es indispensable para superar los desgastes emocionales y energéticos y aclararse sobre uno mismo y su camino en la Tierra. Es el mejor recurso que existe para engrasar las ruedas de una reorgani­zación de energía. Se han de llevar a cabo todos los esfuerzos posibles para erradicarla pues si conseguimos perder algo de esa importancia, dos cosas extraordinarias nos ocurrirían. Una, li­beraríamos nuestra energía de tener que fomentar y sustentar la ilusoria idea de nuestra grandeza; y dos, nos proveeríamos de suficiente energía para vislumbrar la verídica grandeza del universo.

La importancia personal no puede combatirse con delicadezas o simplemente deseándolo o pensando sobre ello, se requiere un esfuerzo sostenido y  una estrategia cuyos ejes son:

A. Hacerse reponsable

Debes de hacerte responsable por estar aquí, en este maravilloso mundo, en este maravilloso tiempo…debes aprender a hacer que cada acto cuente, pues vas a estar aquí un rato muy corto, de hecho, muy corto para presenciar todas las maravillas que existen. Cuando una persona decide algo, debe ir hasta el fin, pero debe aceptar responsabilidad por lo que hace. Haga lo que haga, primero debe saber porque lo hace, y luego seguir adelante con sus acciones sin tener dudas ni remordimientos acerca de ellas.

B. Inventarios estratégicos

Haz listas de tus actividades e intereses. Y luego decide cuáles de ellos pueden cambiarse para, de ese modo, dar descanso a tu gasto de energía.
El inventario abarca patrones de comportamiento que no son esenciales para la supervivencia y el bienestar.
En los inventarios estratégicos, la importancia personal figura como la actividad que consume la mayor cantidad de energía, y por eso te has de esforzar en erradicarla.
La acción de recanalizar esa energía es la impecabilidad.

C. La práctica del acecho

Cualquier conducta que rompe la rutina causa un efecto desacostumbrado en nuestro ser total. Un efecto que es acumulativo.

El acecho es un procedimiento simplísimo. Es un modo de conducta especial que se ajusta a ciertos principios; una conducta que está diseñada para darle a uno algo así como una sacudida mental. Por ej.: acecharse a uno mismo significa darse un sacudón usando nuestra propia conducta en una forma astuta y sin compasión.

Es posible llegar a acechar nuestras propias debilidades del mismo modo que se acecha a una presa. Descifras tus costumbres hasta conocer todas las consecuencias de tu debilidad y te abalanzas sobre ellas y las coges como a conejos en su jaula.

Todo hábito es en esencia un “hacer”; y un hacer requiere todas sus partes para funcionar, si una de ellas falta, el hacer resulta imposible. Hay que dedicar todo el tiempo y toda la energía para poder superar la propia estupidez. Y eso es lo importante, el resto no vale la pena.

Las disposiciones de la estrategia
1. No tengas compasión de nadie pero sé encantador.
2.  Sé astuto pero muy decente.
3. Ten paciencia, pero sé activo.
4. Sé simpático, pero al mismo tiempo determinado.

Principios
Los principios del acecho se aplican primero a las cosas del quehacer diario, las cosas pequeñas, hasta llegar a las cuestiones principales de la vida.

1. El principio primerísimo del acecho es que uno se acecha a sí mismo: sin tener compasión, con astucia, paciencia y simpáticamente.
2. Elegir el campo de batalla. Sólo entrar en batalla cuando averigües todo lo que puedas acerca de dicho campo.
3. El tiro es la simpleza. Aplica toda la concentración que tienes para decidir si entras o no en batalla.
4. Para conseguir esta simpleza descansa, olvídate de ti mismo, no tengas miedo a nada, sólo entonces te vendrá la claridad necesaria para tomar decisiones estratégicas. Sólo entonces.
5. Cuando uno se enfrenta a una fuerza superior con la que no puede lidiar, se retira por un momento. Deja que sus pensamientos corran libremente. Se ocupa de otras cosas. Cualquier cosa puede servir.

Habilidades a cultivar

1. Auto-control y disciplina.

2. Refrenamiento, esperar con paciencia, haciendo lo que es debido, saber que se está esperando y saber lo que se espera.

3. Timing, habilidad para escoger el momento oportuno.

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