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La conspiración (The conspirator)

Dir. Robert Redford (2011)

Guión James D. SolomonJames D. Solomon

Intérpretes: Robin WrightJames McAvoy y Tom Wilkinson

Premio mejor guión Festival Internacio nal de Sitges 2011.

Si el nihilismo se caracteriza por la ausencia de verdad y la desaparición de los valores, esta película nos muestra de un modo ejemplar como el desprecio a la verdad tiene profundas raíces históricas. Un drama trágico inspirado en hechos reales que giran en torno al asesinato del presidente Lincoln poco después de finalizar la Guerra Civil estadounidense, en manos de unos conspiradores del bando perdedor que aún no renunciaban a su lucha y a su venganza.

Una venganza asesina que recibe como respuesta una contravenganza no menos asesina, esta vez en manos del gobierno vencedor y por medio de sus más altas instancias, el propio presidente americano.

El protagonista un abogado y capitán héroe de guerra intenta llevar a cabo una peculiar cruzada en pos de preservar los valores de verdad y justicia en el caso, la única mujer encausada en la conspiración, que le es encomendado lo que le supone perder las amistades, la novia y al final incluso su propia carrera en la abogacía. El caso implica defender su presunción de inocencia y el derecho a un juicio justo, aspectos elementales y nucleares de un estado de derecho, una defensa abocada al fracaso puesto que, como tantas veces, acaba imperando el interés político (nada justo), la sed de venganza y el desprecio por la vida humana una vez ésta ha quejado catalogada (es decir, prejuzgada y condenada desde el principio) dentro del bando de los “malos”.

La realización de la película es impecable, el director impone un ritmo frenético, no tanto por la sucesión indiscriminada de acción, sino por la fuerza narrativa de una historia que consigue que uno se sumerja e identifique sin trabas ni distancias. Inmersión total en las emociones puestas en juego, constituyendo así y sobretodo un estudio de la emoción más poderosa, el miedo que se hace colectivo, nos vuelve ciegos y da pié a que la sed de venganza campe por sus anchas.

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