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Winter’s Bone

Dirección: Debra Granik (2010).

Nominada para 6 Oscars 2011. Academy Awards, USA 2011.Berlin International Film Festival 2010. Boston Independent Film Festival 2011. British Independent Film Awards 2010., etc.

La dureza de la vida, parece ser el motto de este drama de ficción, tan espléndidamente interpretado por su protagonista, Ree Dolly (Jennifer Lawrence ) de 17 años que nos hace olvidar que se trata de una ficción. Nos obliga a sumergirnos en un microuniverso de relaciones humanas descaradamente implacables, en medio del cual una adolescente tiene que, si quiere sobrevivir, ponerse a la altura de la absoluta ausencia de empatía, fruto del corazón helado de unos seres a los que la vida o sus desvaríos parecen haberles arrancado la esencia de la condición humana.

Ree muestra una fortaleza inédita, una capacidad estoica de soportar la agresión física y psicológica fuera de serie, y una determinación a afrontar todos los infortunios que vive y que parecen no hacer mella en su entereza ni en su capacidad de amar. Me viene en mente un comentario de Victor Frankl, un psicólogo que vivió las atrocidades de los campos de exterminio, que en una ocasión fue preguntado sobre lo acertado de las teorías psicológicas, en boga en su época, las cuales afirmaban que cualquier ser humano sometido a las condiciones inhumanas de estos campos había necesariamente de ser víctima de un derrumbe psicológico y moral. Tanto desde el psicoanálisis y sus idas acerca del poder destructivo de los traumas, como desde las filas conductistas que preconizaban “dame el control de los estímulos que afectan a un ser hiumano y yo puedo hacer de éste desde un santo a un criminal”. Frente a ello Victor dijo que no, que en su experiencia de primera mano, había visto que frente a unas condiciones tan extremas había quien se derrumbaba (la mayoría) pero otros no, podían autogenerar una fuerza moral o psicológica que les permitía salir incluso mejorados de la experiencia. No podemos afirmar que Ree salga mejorada, ya es suficiente con no sucumbir a la presión asfixiante que los narcotraficantes de Missouri, imponen mediante sus códigos de lealtades y venganzas y a la no menos agobiante escenografía que las gélidas y lúgubres montañas de Ozarks en el medio de Estados Unidos expresan y que encaja perfectamente con la trama de la historia.

Una obra impactante del cine independiente americano cuya sobria narrativa, no hace concesiones ni formales ni estilísticas a los acostumbrados cánones de espectacularidad a los que el cine de Hollywood nos tiene acostumbrados.

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