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Sino

La cárcel de sí

No huyas del otro pues la cárcel está en tí, cuando dejas de escuchar, cuando cierras los ojos, cuando andas en pos de quimeras y fantasías que dan la espalda a tu verdad. Al huir del otro huyes de la vida, de las mordidas de lo real, buscas guarida segur ay con ello te despojas de la pasión de vivir, de consumir la existencia y devorarte  ti mismo en ello. La cárcel es el imperio de tus caprichos, sus barrotes están forjados en las concesiones al que dirán, el carcelero e alimenta de las auto-indulgencias que crees que mereces. Aprende a amar sin desear, aprende a escuchar sin oírte a ti mismo, aprende a dejar de lado tus intereses privados para descubrir el desinterés de todos, aprende a aceptar tu insignificancia pues todo ello será el primer paso para desprenderte de las cadenas.

Más expertos que nunca más miopes que nunca, más eficaces que nunca, o al menos eso creemos, menos felices que nunca, o al menos eso parece por las estadísticas que inundan los recovecos de nuestra desorientación. Esta es la utopía desenmascarada que paulatinamente va desvelando un sino inexorable. La destrucción de toda verdad y la aniquilación de las especies que van de la mano. 

Calidad de vida, prosperidad a plazos, placeres fugaces que compulsivamente nos llaman al consumo y despilfarro. ¿Donde queda la búsqueda sin aliento de una via descontaminada, libre de la actual océano insalubre de ideas desprovistas de alma?

Un presente eternamente postergado, mejor dicho, secuestrado, por la inquietud del mañana, por el secreto pánico al vacío que corroe los fundamentos de nuestra existencia. Venid! Callaos! Seguid el ritual cotidiano, alimentad al monstruo de la indiferencia en reunión en torno a la pantalla fulgurante que vomita sin cesar sonrisas y lágrimas de papel encerado. Prestos a la aniquilación, en plena fiesta estival en un paraíso costero, con el móvil en la mano, bien agarrado y atentos a la  red social que ha tejido y sigue tejiendo una malla indestructible de engaños y vanidades, diseñando así un sino fatal, un destino ineludible y apocalíptico en el que el cyborg y la vida eterna serán los mecenas de los nuevos ídolos, amos de los latidos de los corazones desbocados, atenazados de un ansia infinita. Una vida eterna sin vida, una prolongación sinfín del sinsentido. Esta es la meta desenmascarada, esta es la cárcel del sino al que estamos abocados si no reaccionamos, a tiempo dentro del destiempo en el que ya estamos instalados.

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