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En los albores de la cultura europea, los griegos, pioneros en tantos temas,  idearon un conjunto de prácticas que bajo la noción del cuidado de sí y más tarde el conócete a ti mismo, gnothi seauton,  delineó un proyecto que en sus diferentes formas y transformaciones alcanza nuestra modernidad.

La idea inicial era sencilla pero genial, sólo la persona que se cuida a si mismo y se conoce acaba cuidando y siendo útil a los demás. El cultivo del cuerpo y de la mente era en si y por si mismos una de las mejores prácticas que cualquiera pudiera emprender. Esto alcanza en su momento el rango de ideal ético que comprende todas aquellas prácticas de libertad que configuran el ethos de una sociedad.

Son muchos quienes se vuelcan por completo en la militancia política, en los preparativos de la revolución social. Pero escasos, muy escasos, los que como preparativo revolucionario optan por hacerse hombres dignos.2

Libertad se entiende aquí, sólo alcanzable cuando uno se libera de la ignorancia y con ello de las bajas pasiones y de los estados de dominación, para conseguir un nuevo tipo de señorío, el arché o dominio de si mismo. En este sentido el planteo griego configura una especia de ecuación en la que libertad, conocimiento y cuidado de sí van de la mano: la práctica reflexiva de la libertad.

Después de un largo proceso histórico en el que la noción del cuidado de si padece varias transformaciones, llegamos a la puertas  de nuestra modernidad, en el que el tema ha adquirido una dimensión bastante diferente, Desde las ultimas transformaciones de las estrategias de poder habidas en siglo XIX, con el surgimiento de la democracia liberal y los regímenes de  verdad que desde entonces se desarrollaron, esta antigua práctica reflexiva de libertad ha devenido algo muy diferente. Con el nacimiento de una nueva forma cultural que denominamos las ciencias “psi” asistimos a una psicologización de la subjetividad, un nuevo régimen del sujeto en el que la multisecular práctica del cuidado de si mismo deriva hacia una nueva forma de dominación.

La fabricación de un tipo de sujeto sujetado a un imperativo de seducción, un ideales que han posibilitado una industria multimillonaria, el self-help, la psicología pop y el movimiento New Age, son las formas estratégicas de una nueva forma de subjetividad en la que el poder y dominio se expresa como una presión normalizadora. El “poder” ha descubierto que es preferible seducir que reprimir, incitar que obstaculizar, crear anhelos que secuestrarlos, producir placeres que prohibirlos. Emerge un nuevo tipo de sujeto que transforma el imperativo del cura sui en una necesidad, mejor dicho, en una compulsión a expresarse, ser uno mismo, ser creativo, autónomo, etc.3. Hoy nos hemos vuelto adictos al crecimiento personal, a la experiencia espiritual, a la búsqueda incesante de un estilo de vida que refleje la propia subjetividad, todo ello reducido a experiencias de consumo. Arte, espiritualidad, cultura todo se convierte en mercancía para una sujeto que tanto más libre se cree cuanto más seducido y sujetado se encuentra por estrategias de poder que dictaminan sus placeres, sus gustos y disgustos. Y todo ello en una época en que se proclama la muerte del sujeto, el “yo”  enunciado del sujeto que se proclama y se auto-concibe de una pieza, como un centro de autonomía, identidad, individualidad, libertad, elección, realización, se convierte en objeto de la ácida y desenmascaradora mirada psicoanálitica(4)  la cual nos revela que es un conjunto fragmentario, un cosido a piezas de instintos, creencias, deseos y angustias inconscientes que se amalgaman en una unidad ilusoria que deja al descubierto que tras sus altos ideales y racionales justificaciones, anidan tendencias e impulsos nada justificables.

Tenemos pues a un sujeto dividido, fragmentado en su interior, un sujeto que en su individualismo se condena a vivir alienado de los otros,  definido por Jameson (1991: 37-38) como una “soledad sin ventanas de la mónada encerrada en vida y sentenciada en la celda de una prisión sin salida, la de su propia autosuficiencia”.

Creo que Foucault estaría de acuerdo con Cornelius Castoriadis cuando afirma que el sujeto no tiene que regresar, porque nunca ha partido. Siempre ha estado ahí, no como substancia, sino como cuestión y como proyecto. La visión foucaultiana del poder no presenta como incompatibles el poder y la libertad, este poder que se expresa como nuestra capacidad de actuar en otros y en nosotros mismos, no es un mal intrínseco, más bien es un ineluctable hecho social. Lo que sí permite intuir Foucault, es que la libertad nace de una práctica por definición transgresora dado que nunca está garantizada por la lógica política instituida. Las ciencias sociales encuentran su espacio de legitimidad, en mi opinión, recuperando su dimensión autocrítica respecto a cualquier rasgo totalitario de sus propias producciones, una dosis de humildad que abra horizontes de colaboración con otros discursos y métodos  y permitirles que desarrollaran su espacio propio, su práctica discursiva auto-legitimadora.

En definitiva, hoy como antaño, la práctica reflexiva de la libertad sigue requiriendo de un esfuerzo comprometido en el que conocerse a si mismo, en el sentido de capacitarse a si mismo para dejar las ilusiones, y los cantos de sirena que el orden social fabrica y propone, sigue siendo tarea sine qua non, para que la posibilidad de avance sea real. Aunque, hoy, después de la crisis de la subjetividad, anunciada por Nietzsche y luego Heidegger, conocerse y cuidarse a si mismo haya de ser vivido en un horizonte nuevo donde el sujeto no es ni substancia, ni fundamento, sino un mero poder ser, una proyectualidad permanentemente inacabada en la que ya no importa quien habla, ni quien piensa o conoce, sino aquello que en nosotros se piensa, se quiere, se hace, se sueña.

El cuidado de si tiene hoy un cariz complejo y potencialmente contradictorio. Por un lado la incitación a cuidar de si mismo es perentoria hoy como antaño, pero parece que en la actualidad el problema se sitúa en dos dimensiones:

1. el desarrollo de las ciencias “psi” tema que he desarrollado en otra mi entrada del blog y

2. este “sí” que forma parte del enunciado cuidado de si,  un sujeto problematizado desde varias vertientes de las ciencias sociales y el pensamiento contemporáneo.

Este último punto aunque también lo he señalado en dicha entrada quiero ahora añadir una reflexión. Dudamos de la unidad del sujeto que ha de cuidar de sí, no ya como sujeto social (vector de diferentes campos de fuerzas y estrategias políticas fragmentadoras), o como sujeto psicológico, (crítica psicoanalítica del sujeto), sino que la duda alcanza nuestro último reducto la corporalidad, esa unidad hasta ahora indivisible, queda ahora expuesta con el desarrollo tecnológico a una fragmentación inimaginable hasta hace poco: el cyborg.

Hoy he visto una noticia en la que se habla de un equipo de investigación japonés que ensaya con unos cerdos genéticamente modificado la posibilidad de que puedan producir páncreas “humanos”. Ya no se trata sólo de que un sujeto pueda llevan en sí, órganos y tejidos de otros sujetos (trasplantes), ni máquinas o dispositivos que suplen a un órgano, la misma línea divisoria entre especies quedará pronto hecha añicos.

¿En qué quedará el cuidado de sí?, ¿en técnicas para reparar máquinas, intercambiar cuerpos, incluso, programar los NCC (Correlatos Neurobiológicos de Conciencia) para diseñar una subjetividad de tal o cual estilo?

Como afirma Rose (1998), seres humanos tecnológicamente fabricados y maquinados:

This image of the human as a cybernetic organism, a nonunified hybrid assembled of body parts and mechanical artifacts, myths, dreams, and fragments of knowledge, is just one dimension of a range of conceptual challenges to the primacy unity and givenness of the self.

Produce escalofríos….

Referencias

1 El título se lo debo a  A. Huyssen, “Discurso artístico y postmodernidad. Cartografía del
postmodernismo”, en Picó, op. cit. p. 231

2 Esta cita pertenece a G. Friedmann, La Puissance et la sagesse, Paris, 1970. Citado en Hadot, 2006.

3 El moderno self se considera -en una perspectiva histórica inusual- que debe ser autónomo, libre, y  debe convertirse en un actor. Esta idea acerca de cómo se debe ser induce a considerar que se es un ser más completo cuando se es hábil para elegir, para realizar una narrativa propia. Esta noción del yo que es libre para elegir no es una simple y abstracta noción cultural, sino que está imbricada en toda una serie de prácticas que atraviesan toda nuestra sociedad.” (Rose, 2006).

4 “En condiciones normales nada nos parece ten seguro y establecido como la sensación de nuestra mismidad, de nuestro propio yo . Este yo se nos presenta como algo independiente, unitario, bien demarcado frente a todo lo demás. Sólo la investigación psicoanalítica […] nos ha enseñado que esa apariencia es engañosa; que, por el contrario, el yo se continúa hacia adentro, sin límites precisos, con una entidad psíquica inconsciente que llamamos ello y a la cual viene a servir como de fachada.” Freud, S. (1970: 9-10).

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