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Simbolismo de las casas

Este es un libro de Astrología que escribí en mi juventud. Andaba yo entonces en plena crisis vocacional porque el entrar en contacto con lo que fue en aquella época una poderosa corriente de pensamiento crítico en Psicología, provocó una profunda mella en mí. Me refiero a la antipsiquiatría y sus rompedores lemas cuya influencia socavó profundamente las estructuras de la educación formal y universitaria que había recibido. Dicha crisis tuvo como resultado que dejara los estudios casi al final de la carrera y abandonara al mismo tiempo mi profesión de educador especializado.

Andaba yo, como resultado de ello, sin rumbo, y en este devaneo me salió al paso una visión de la Astrología como una herramienta que me hacía sentor en conexión con un Universo vivo y lleno de sentido, un Universo en que los planetas dejaban de ser rocas muertas para adquirir el estatus de acompañantes sino guardianes del destino individual de cada uno y del colectivo de la humanidad entera.

Aquello insufló de un brío imparable y desconocido a mi espíritu cuya rebeldía de juventud necesitaba un motivo para crecerse y realizarse en una misión que dió bríos a una importante parte de mi existencia. Me convertí en un “guerrero del significado” cuya lucha había de ser la de cambiar el mundo al hacerle ser consciente de nuestra conexión com un cosmos que nos habla a través de los símbolos astrológicos.

Pero no corramos tanto, al entrar en contacto con la Astrología no me refiero a los horóscopos de la prensa ni a los programas de videntes, esotéricos y espiritualistas. Me fascinó una Astrología que parecía devolver la dignidad a una existencia efímera pedida en un orden social desprovisto de rumbo, o mejor, cuyo único rumbo era (y sigue siendo) la búsqueda ciega y codiciosa de poder y nada más, a costa de la devastación material del planeta y la locura de una humanidad cada ve más alienada de la Naturaleza y de si misma.

Ha llovido mucho desde aquel entonces. Hoy no comparto el optimismo ingenuo que me embargaba en aquella época, asimismo hoy soy consciente de que también fui vícitma de un anhelo, el anhelo de un significado trascendente relacionado con nuestra condición humana, que ya no subscribo. Un anhelo que acabó siendo síntoma de una peculiar forma de neurosis colectiva que encegó mi visión. Aunque no todo fue negativo, y lo que sigue lo suscribo hasta el día de hoy. Hay un misterio que nos envuelve a todos y a todo lo que nos rodea. Por mucho de que el espectacular desarrollo de la ciencia y de la tecnología nos hagan sentir que ya tenemos todas las respuestas y que este desarrollo ha convertido en obsoletos los saberes y “ciencias” de otras épocas, eppuor si muove.

SIgo constatando que hay fenómenos colectivos e individuales que a poco que profundices y que no te quedes en las respuestas hoy en boga, siguen desafían nuestro saber acumulado. La naturaleza última del cosmos, la energía, la materia, la vida, la conciencia sigue siendo un Mysterium Tremendum et Fascinans. Desde aquí la Astrología sigue planteando un interrogante mudo, casi nadir lo tiene en cuenta, pero poderoso, ¿Y si fuera verdad que el lazo que nos une a los planetas, las estrellas y los signos zodiacales esperan a que un buen día los re-descubramos y pasen a ser una luz en la tormenta del ser que hoy es de una negrura asfixiante.

Hasta el día de hoy recibo correos de personas agradecidas porque la lectura del libro les ha hecho sentir algo parecido a lo que acabo de exponer.

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