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No creas

Así como la Luna brilla impávida en la noche del desierto. Así como la brisa sopla acariciando la loma de la colina, indiferente a la opinión ajena. Así deberías sentirte cuando los otros te acosan, cuando los sinsabores de la existencia marcan tu hora fatal.

Naciste ser mágico, te convertieron en ser social. Busca tu resquicio de libertad que acecha tras la máscara social. Libertad de ser lo que ni siquiera soñaste, posibilidad de recuperar lo que se te quitó, libertad para decir no, a eso no juego, no honro pactos en los que no estuve presente.

No creas lo que dicen y dijeron de ti, no te creas ni a ti mismo/a cuando crees conocerte, cuando te sientes seguro/a de lo que tienes que hacer. Es mucho mejor darte por desconocido/a, hacer tabula rasa, deconstruirte para empezar la inmensa y apasionante tarea de conocerte de verdad.

El brillo de la Luna y el soplo de la brisa marcan la pauta: indiferencia, desapego hacia el juego social, conquista de tu libertad, reinicio del viaje mágico que una vez se interrumpió. Alli afuera en el cielo iluminado por la Luna, en el suave zumbido que deja la brisa te espera la hora de la verdad.

Eres algo demasiado efímero para tomarte en serio, algo demasiado valioso para permitir que te estropeen en el camino. Párate, despierta, empieza a preguntarte lo que nunca te atreviste a preguntar, sacude las rutinas, vuélvete imprevisible, liquida tu pereza existencial, no corras detras de espejismos, abraza tu sed para que en ella descubras tu razón de ser.

Lo que te obsesiona esconde tu fuerza vital. Eso que te persigue no es más que el disfraz de tu soledad cósmica. En lo que prendió tu deseo anida el germen de tu desatino. No llores por ausencias imaginarias, todo está presente atrévete a aceptarlo. Eres un ser total, completo, no sobra un ápice de tí, ni falta un gramo. Examina como vives, despréndete de lo superfluo, el viaje requiere ir ligeros de equipaje. Intuye en el rostro ajeno la confirmación de lo que eres pero aún no sabes, despreocúpate de que este mismo rostro te devuelva gloria o maldición, sonrisas o lágrimas.

Métete dentro de tí, acalla el parloteo de tu mente, cultiva la fuerza de tu cuerpo, atiende la señales de tu destino, interroga a las estrellas, afronta lo que te saca de quicio, acecha tus debilidades, no les des tregua, prepárate para la batalla definitiva, la única que vale la pena. Recuerda tu melodía originaria, fluye con el ritmo básico de tu ser que nunca cesó de palpitar. Ese es el reto, esa es la fórmula y no queda otra cosa que empezar, siempre empezar…

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