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El cuidado de si mismo

También denominado práctica de sí mismo, por Foucault, que acaba considerando el tema como un elemento esencial de una historia de la subjetividad a través del estudio de la formación y de las transformaciones en nuestra cultura de las relaciones consigo mismo, con sus tecnologías y efectos de saber-­poder.

El Alcibíades de Platón inaugura una tradición occidental que llega hasta hoy, la epiméleia heautoû1 que trata del imperativo fundamental que implica cuidar de sí, conocerse a si mismo y se relaciona con la práctica reflexiva de la libertad. Este tema ha sido uno de los ejes principal de las reflexiones del autor. Como afirma Hadot (2006: 234):

“En esta tarea del yo sobre el yo, en este ejercicio del yo, puedo igualmente reconocer cierto aspecto esencial de la filosofía: ésta supone un arte de vivir, un estilo de vida que compromete la totalidad de la existencia.”

Breve recorrido histórico

“Los dos primeros siglos de la época imperial (siglos I II) pueden ser considerados como la edad de oro de la cultura del cuidado de sí mismo (HS3, 59). Además de Le souci de soi, entre los textos publicados de M. Foucault, L’Herméneutique du sujet está enteramente dedicado al análisis de la cultura del sí mismo, desde el momento socrático­platónico hasta la filosofía helenístico­romana.”2

Uno de los pilares de la ética occidental, en tanto que práctica reflexiva de la libertad, ha girado en torno a este imperativo fundamental: “cuida de ti mismo ” en sus diferentes versiones, que van constituyendo un Ethos, la manera de ser y de conducirse y una Arché, el dominio de si mismo, el sujeto es el que gobierna al cuerpo, el que se sirve de él como un instrumento.

Versión estoica y epicúrea

Desde el lema epicúreo nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para ocuparse de sí mismo, el problema para el sujeto, para el alma individual, es volverse hacia sí mismo para reconocerse en lo que es, y reconociéndose en lo que es, recordar las verdades que le son similares y que ha podido contemplar. Epícteto, además, nos recuerda que esta práctica se enlaza con la cuestión de nuestra finitud, y concibe el cuidado de si como un don y una obligación que nos asegura la libertad (Foucault, 1997: 46). En los estoicos la práctica se enriquece con una dimensión terapéutica, therapeúein heautón: curarse, ser servidor de uno mismo, rendirse culto a uno mismo.

Versión socrático­-platónica

El problema consiste más bien en aprender, en servirse de la enseñanza de un determinado número de verdades, de doctrinas, entre las cuales unas son los principios fundamentales y las otras reglas de conducta. Se trata de operar de tal modo que estos principios os digan en cada situación y en cierto modo espontáneamente, cómo tenéis que comportaros. El cuidado de sí mismo se liga con el conócete a ti mismo, gnothi seauton. Además para Platón el cuidado de sí mismo es prerrequisito indispensable para saber cuidar de otros, estableciendo un puente entre filosofía y política.

Versión religioso-­cristiana

En la cultura griega primitiva ya encontramos técnicas del cuidado de sí, más tarde las integra el pitagorismo: los ritos de purificación, las técnicas de concentración del alma, las técnicas del retiro (anachóresis)3 , los ejercicios de resistencia. Con el cristianismo las prácticas de sí mismo han sido integradas al ejercicio del poder pastoral (especialmente las técnicas del examen de conciencia, la confesión4). Se le añaden nociones de renuncia a si mismo, reconocer y superar las tentaciones que subyugan el alma y las ilusiones mundanas que apartan del camino correcto, la confesión, etc.

Versión contemporánea

A partir del siglo XIX Europa experimenta una transformación de gran importancia cultural, política y que se relaciona con el sujeto que cuida de sí. “… la relación del poder con el sujeto o, mejor, con el individuo no debe ser simplemente esta forma de sujeción que le permite al poder quitarle a los sujetos bienes, riquezas y, eventualmente, su cuerpo y su sangre, sino que el poder debe ejercerse sobre los individuos en tanto que ellos constituyen una especie de entidad biológica que debe ser tomada en consideración si queremos, precisamente, utilizar esta población como máquina para producir, para producir riquezas, bienes, para producir otros individuos. El descubrimiento de la población es, al mismo tiempo que el descubrimiento del individuo y del cuerpo adiestrable [dressable], el otro núcleo tecnológico en torno al cual los procedimientos políticos de occidente se han transformado.” (Foucault, 1994:193).

Dice Martinez (1995): “En esta sociedad postmoderna no hay espacio público sino sólo lugares de paso motorizados; no hay amistades, no hay familia; sólo el yo gregario y mimético de las tribus urbanas. Esta cultura de sí autista es, tal vez, el residuo pervertido de aquellas tecnologías del yo que tuvieron su surgimiento en la antigüedad clásica y que desde entonces han sido el patrimonio de algunos seres privilegiados entre los que no podemos dejar de contar al propio Foucault.”

Sujeto, verdad y poder

El tema del sujeto ha sido una cuestión fundamental en el pensamiento foucaltiano y eje de todo su recorrido histórico­filosófico. El análisis de las relaciones entre la constitución de la subjetividad, las estrategias de poder5 y los juegos de verdad como parte de ellas son esenciales en la analítica del autor. Foucault afirma en una ocasión6:

“Lo que he estudiado son tres problemas tradicionales: 1) ¿Cuáles son las relaciones de verdad a través del conocimiento científico, con esos “juegos de verdad” que son tan importantes en la civilización y en las que somos, a la vez, sujeto y objeto?; 2) ¿Cuáles son las relaciones que entablamos con los demás a través de esas extrañas estrategias y relaciones de poder?; y 3) ¿Cuáles son las relaciones entre verdad, poder e individuo? ¿Qué podría ser más clásico que estas preguntas y más sistemático que la evolución a través de las preguntas uno, dos y tres, y vuelta a la primera? Me encuentro justamente en ese punto”

Sujeto

La fabricación de la subjetividad es el marco conceptual bajo el que Foucault piensa el sujeto. Es sujeto no es una substancia es una forma siempre entretejida y conformada en estrategias de gubernamentalidad, que producen además de efectos en la conducta, conocimiento y por tanto diversas nociones de la subjetividad.

“El rol y las funciones de la ideología y la ciencia, particularmente las ciencias humanas como vehículos y efectos de la moderna sociedad disciplinaria, son considerados especialmente en relación a la manufactura de la subjetividad, desde las almas y los cuerpos a través de los actores individuales.” (Deacon, 2003: 19)

Por subjetivización, entiende Foucault, el proceso por el que se constituye un tipo sujeto entre muchas otra posibilidades de organización de la auto­consciencia (Foucault 1988: 253). La subjetivación es el proceso por el que, mediante los discursos institucionalizados, se determina lo que debe ser el sujeto, a qué condiciones está sometido, qué estatuto debe tener, qué posición debe ocupar en el complejo de relaciones de poder para llegar a ser sujeto legítimo de algún conocimiento. Es el proceso por el que se determinan las formas aceptadas de entenderse a uno mismo y al mundo, las formas legítimas de conciencia.

Una idea transformadora es la concepción de la relaciones de poder que estructuran al sujeto son más que obstáculos, condiciones para su constitución. Cada sujeto es una multiplicidad, un soporte un cruce de líneas de fuerza, el producto de una serie de dispositivos de saber­poder que genera prácticas de poder normalizador y prácticas de saber, ambas íntimamente imbricadas, un poder que permite como consecuencia de la aplicación de un saber, la gobernabilidad de unas personas sobre otras y sobre uno mismo.

El poder se inscribe en el sujeto, su cuerpo y su interioridad, un sujeto sujetado o inscrito en una red de fuerzas que le instituyen, controlan y conducen. Los saberes de las ciencias humanas y sus regímenes de verdad contribuyen a este dominio efectivamente. Surgen las tecnologías del yo como resultado de nuevos movimientos y estrategias que se implementan a la par de los saberes. El nuevo sujeto, un yo al que se supone libre, con derechos adquiridos en virtud de su nacimiento con poder y capacidad de elegir y por tanto de diseñar su vida es objeto de unos discursos, una producción de verdades que tienen efectos invisibles y determinantes.

Verdad (juegos de verdad, regímenes de verdad)

“Entiendo por verdad el conjunto de los procedimientos que permiten pronunciar, a cada instante y a cada uno, enunciados que serán considerados como verdaderos. No hay en absoluto una instancia suprema” (Foucault, 1994a: 407). • Foucault distingue entre dos historias de la verdad: por un lado, una historia interna de la verdad, de una verdad que se corrige a partir de sus propios principios de regulación; por otro lado, una historia externa de la verdad. La primera es la que se lleva a cabo en la historia de las ciencias; la segunda es la que parte de las reglas de juego que hacen nacer en una sociedad determinadas formas de subjetividad, determinados dominios de objetos, determinados tipos de saberes (Foucault, 1994a): 541).

Juegos de verdad

Cuando Foucault habla de juego se refiere al conjunto de reglas de producción de la verdad que conducen, en un determinado momento histórico, a un resultado que puede ser considerado, en función de sus principios y de sus reglas de procedimiento, como válido o no, como ganador o perdedor, como dominación o como evasión.

Regímenes de verdad

Son aquellos efectos de poder que circulan entre los enunciados, su régimen interior de poder y cómo se modifica éste de forma global. “Cada sociedad y época histórica producen sus regímenes de verdad constituidos por los criterios que establecen y distinguen los discursos verdaderos de los falsos.” Contrariamente a la tradición humanista que recomienda alejarse del poder para acercarse a la verdad, Foucault, sostiene que resulta inevitable el enraizamiento de ambos, resultaría una quimera pretender que se pueden emancipar, por ello para cambiar un estado de cosas no se trata de cambiar las conciencias de las personas sino los regímenes de producción de verdad que sustentan a las instituciones, la política y la economía.

Poder (estrategias de poder, relaciones de poder, la dominación, resistencia y liberación)

El uso foucaltiano del término “estrategia” abarca tres sentidos:

1) La racionalidad utilizada para alcanzar los objetivos.

2) En un juego, el modo en el que un jugador se mueve de acuerdo con lo que piensa acerca de cómo actuarán los demás y de lo que piensa acerca de lo que los otros jugadores piensan acerca de cómo se moverá él.

3) Los procedimientos para obtener la victoria privando al enemigo de sus medios de combate y obligándolo a renunciar a la lucha.

Estos tres sentidos se resumen en la idea de la estrategia como “elección de las soluciones ganadoras”

Foucault rehuye proponer una noción metafísica del poder, como una entidad en si misma. Más bien concibe el poder como una actividad productiva incesante que se entreteja y expresa en las relaciones7, al tipo de relación en la que uno intenta dirigir la conducta del otro. Las relaciones de poder son por tanto móviles, reversibles, inestables. Para el autor, estas relaciones presuponen además la existencia de la libertad y con ella la posibilidad de resistencia al poder.

“Las relaciones de poder múltiples atraviesan, caracterizan, constituyen el cuerpo social; y estas relaciones de poder no pueden disociarse, ni establecerse, ni funcionar sin una producción, una acumulación, una circulación, un funcionamiento del discurso. No hay ejercicio de poder posible sin una cierta economía de los discursos de verdad que funcionan en, y a partir de esta pareja. Estamos sometidos a la producción de la verdad desde el poder y no podemos ejercitar el poder más que a través de la producción de la verdad”. Foucault, (1976)8 .

En consecuencia, su analítica del poder no se plantea preguntas del tipo ¿qué es el poder?, ni ¿de dónde viene el poder?, más bien propone una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué pasa?, y con ella las derivadas: ¿Cómo? no en el sentido de ¿cómo se manifiesta? sino ¿cómo se ejerce? y ¿qué pasa cuando los individuos ejercen su poder sobre otros?. Además

el poder acaba siendo aceptado porque no solo ejerce una presión coercitiva que prohibe, sino que produce realidades, induce placeres, formas de conocimiento, crea discursos.

Foucault distingue tres ámbitos: las relaciones de poder, las relaciones de comunicación y las capacidades objetivas (ámbito de las cosas, de la técnica, del trabajo). Comunicarse implica actuar uno sobre otro, la producción y circulación de los significados puede tener efectos de poder. “Se trata de tres tipos de relaciones, que de hecho siempre se traslapan, se apoyan recíprocamente y se utilizan mutuamente como instrumentos”9 .

El poder es aquellas prácticas y acciones cambiantes que operan sobre acciones posibles: incitan, inducen, seducen, facilitan o dificultan; amplían o limitan, vuelven más o menos probable;s de manera extrema, constriñen o prohíben de modo absoluto. En contraposición, la noción de dominación refleja aquel estado de cosas en que las relaciones de poder han dejado de ser fluidas y cambiantes se han vuelto rígidas y en consecuencia deriva en abuso de poder..

Ética y prácticas de libertad

Foucault entiende por prácticas de libertad aquellas formas que se entrelazan con una dimensión ética unida a una estética de la existencia y a su vez con los juegos de poder.

La ética tal como la entendían los griegos es un ethos, es decir, una manera de ser y de conducirse, siendo la libertad su condición ontológica fue entendida desde los griegos como no­esclavitud, y se encuentra en el corazón de esta ética: no ser esclavo de los otros, no ser esclavo de sí mismo o, en términos positivos, gobierno de los otros y gobierno de sí mismo. La libertad es pues algo indisolublemente unido a lo político. Asimismo queda relacionado el ethos

del cuidado de sí mismo que acaba siendo irremediablemente cuidado de los otros.

Reflexiones

Reconocemos que el tema del cuidado de sí es no es solo de importancia capital en el pensamiento foucaltiano, sino como este mismo indica también lo es en la vertebración del pensamiento y la cultura occidentales desde sus orígenes pues constituye a la vez pilar fundamental de la actitud de uno hacia sí mismo y eje estructurador del ethos de la vida política de los pueblos. Aprendemos hasta que punto libertad y compromiso van de la mano, actitud bastante opuesta a la de nuestra época nihilista que confunde libertad con un hacer lo que viene en gana. Aprendemos asimismo la conexión entre libertad entendida como praxis y la reflexión, recordando el viejo precepto del conócete a ti mismo.

Resulta sorprendente esta concepción no moralista del poder, más bien concebida, fiel legado nietzscheano, como una realidad inescapable presente, un rizoma que se disemina por todas partes, desde nuestra íntima convicción acerca de quiénes somos, pasando por las relaciones con los otros hasta alcanzar la dinámica presente en toda cultura y época.

También aprendemos, no sin cierta inquietud y cuestionamiento, que la verdad resulta inseparable del poder, se hace patente una ácida lucidez cuando analiza las condiciones en los los juegos de verdad y sus discursos se entretejen en una trama de relaciones de fuerzas que establecen las condiciones de producción y aceptación de los discursos.

Resulta paradójico que el discurso foucaultiano erigido en torno a un objetivo de desenmascarar el poder inserto y circulante en la cultura y las transformaciones que ha experimentado en sus diversos momentos históricos se haya convertido él mismo en un discurso de poder enorme, por ello dice Baudrillard (1978:3), “el discurso de Foucault es el espejo de los poderes que describe. Esa es su fuerza y su seducción, y no su “índice de verdad”, eso es su leit­motiv: los procedimientos de verdad, pero no tiene importancia, porque su discurso no es más verdadero que cualquier otro no, es en la magia de un análisis que despliega los meandros sutiles de su objeto, que lo describe con una exactitud táctil, táctica, donde la seducción alimenta la potencia analítica, donde la lengua misma alumbra en la operación poderes nuevos”.

Referencias

1 El término epimeleia no designa simplemente una inquietud, sino todo un conjunto de ocupaciones.
“…es de epimeleia de lo que se habla para designar las actividades del amo de casa, las tareas del príncipe que vela por sus súbditos, los cuidados que deben dedicarse a un enfermo o a un herido, o también los deberes que se consagran a los dioses o a los muertos.” (Foucault, 1997: 48).
2 Véase Castro, E. (2004).

3 “Pero en el contexto de las prácticas de sí mismo significa un ausentarse del mundo en el que uno se encuentra inmerso, interrumpir el contacto con el mundo exterior, no tener sensaciones, no preocuparse por lo que pasa alrededor nuestro, hacer como si uno no viera lo que sucede.” Castro, E. (2004).
4 En el cristianismo primitivo, en el monaquismo. El momento en que la tarea de decir la verdad sobre sí mismo se inscribe en el procedimiento indispensable de la salvación ha sido un momento absolutamente capital en la historia de la subjetividad occidental. (Foucault, 1982: 346).

5 Definición del ejercicio del poder: como una manera en que unos pueden estructurar el campo de acción posible de los otros. Así, lo que sería propio de una relación de poder es que ésta sería un modo de acción sobre acciones. Véase: Foucault, M. (1988). El sujeto y el poder. Revista mexicana de sociología, 3­20.
6 Citado en Arnaiz, G.(). La frase de Foucault: “Ocúpate de ti mismo”. Recuperado de: http://filosofiahoy.es/La_frase_de_Foucault_Ocupate_de_ti_mismo.htm

7 El concepto de poder del autor recuerda la concepción que del Universo tiene la física contemporánea: “At the subatomic level the interrelations and interactions between the parts of the whole are more fundamental than the parts themselves. There is motion but there are, ultimately, no moving objects; there is activity but there are no actors; there are no dancers, there is only the dance (Capra 1983: 83).

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