Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

El Arbol

Un día, andaba yo ensimismado en mis meditaciones y sin darme cuenta me encuentro en una arboleda paseando entre un y otro árbol. Una masa de árboles que impávidos parecen observar mis pasos, incluso seguir atentamente mis elucubraciones mentales. De pronto me coloco frente a uno de ellos, y me quedo fijamente mirando su espléndida y estática forma, entonces, un destello de pensamiento irrumpe en mi mente, en forma de una pregunta que a mi mismo me sorprende: ¿Y si a este ser que tengo enfrente mío, le quito, le borro la palabra árbol, qué sucede? Mi mente ante tal cuestión se dispara, en primer lugar una reacción de sorpresa e inquietud, sigo percibiendo una forma que de repente se me muestra como totalmente desconocida. Al eliminar el concepto, estaba eliminando, todo un conjunto de reacciones automáticas sensoriales y cognitivas. Reacciones que creaban la sensación de que ya conocía aquello que estaba percibiendo. Un ser absolutamente desconocido, fascinante y sobretodo misterioso se revela majestuoso ante mí. 

Somos seres de rutinas cotidianas y costumbres, de hábitos perceptivos y mentales que nos encierran en un mundo que acaba siendo una cárcel. Liberado por un momento del yugo del hábito, experimento una sensación de asombro reverencial, sentía, presentía que un ser completo en si mismo, desconocido, rebosante de vida y conciencia me interrogaba silenciosamente, me estaba invitando a un acto de liberación. Incluso llegué a sospechar que fue él mismo el que subrepticiamente había introducido la pregunta en mi mente. 

Los árboles no son árboles, son seres que se complacen en ofrecer sombra a los humanos, en donar gratuitamente sus exquisitos frutos, en cobijar miríadas de formas de vida que hallan en él su morada y su sustento. Su quietud es engañosa, millones de células y actividades bullen en él incesantemente para transformar la luz que reciben del astro rey en formas de energía benéfica para la vida en su conjunto. Gracias árbol, por el oasis de frescura que me ofreces, sin publicidad ni descuentos, cuando mis pies cansados y mi piel enrojecida más lo necesita. No concibo un mundo sin ti, resultaría imposible andar eternamente por páramos yermos sin tu reconfortante presencia. Me dijo un viejo y sabio chamán  mexicano, que la aparente inmovilidad de los árboles es ficticia, en ensueños se mueven incesantemente, mucho más que nosotros, viajan a los confines del universo, y traen regalos de poder, no sé si será verdad pero la sola posibilidad de que lo sea ya me transporta a un espacio de humildad reverencial.

Deja una respuesta

Subscríbete al Blog

Últimos artículos

Categorías

Otros artículos

Psicología

La obesidad como síntoma

Una conocida me explica que tiene problemas de obesidad y me pregunta si le aconsejaría someterse a una cura de adelgazamiento. Le digo que si se trata de eliminar el síntoma sin saber de dónde le viene, ni porqué o para qué le pasa, lo encuentro posible pero arriesgado. Ella replica que quizás sea mejor quitarse el síntoma de encima y luego averiguar si se trata de un trauma infantil o algo por el estilo.

Leer Más >>
Giegerichiana

La diferencia psicológica

John Hoedl ® Trad.: Josep M. Moreno La Diferencia Psicológica es una de las ideas más fundamentales de una psicología definida como disciplina de la

Leer Más >>
Simbolismo de las casas
Giegerichiana

Lo negativo

No hace mucho tiempo un amigo psiquiatra que vive fuera de España me consultó por correo electrónico acerca de dos puntos del pensamiento de Giegerich

Leer Más >>
Prosa/Poesía

No creas

Así como la Luna brilla impávida en la noche del desierto. Así como la brisa sopla acariciando la loma de la colina, indiferente a la

Leer Más >>
Prosa/Poesía

Amistad

No se brinda amistad para suplir carencias ni se busca el amigo para huir de la propia soledad, la amistad no sirve para compartir intereses

Leer Más >>