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Sobre la crisis de la pareja contemporánea

Hace un poco escribí una ponencia para un Congreso de Psicología que se celebró en California. En este presenté unas ideas dirigidas a especialistas en Psicoterapia y psicología. Hoy, en estas líneas, intentaré esbozar en un lenguaje divulgativo lo esencial de mi tesis.

Estamos en una época en que la desintegración de valores, el nihilismo, está llegando a su máxima expresión, la verdad no existe, incluso oficialmente. Las principales instituciones que tratan de organizar y controlar nuestra vida, mienten por sistema. La prensa miente, la publicidad miente, los medios de comunicación mienten, los políticos mienten. No se trata de que algunos mentirosos se cuelen en las instituciones (la teoría de manzana podrida), se trata más bien de un comportamiento sistemático, continuo, incesante. Cada día estamos bombardeados por infinitos mensajes que tratan de seducirnos, acobardarnos, incitarnos al consumo, informarnos de la “realidad”, dejando de lado absolutamente el tema de la verdad que contienen estos mensajes. Por ello algunos opinan que la condición del ser humano actual es que se ha ausentado respecto a la verdad (homo absconditus). Su substituto, una forma de consciencia que presenta tres manifestaciones básicas,  la consciencia consumista, la consciencia televisiva y la consciencia turística, una forma que sustrae o secuestra  la capacidad de presencia del ser humano.

Por todo ello, piensan muchos que esta sociedad post-industrial, mediática, virtual y global cuyo único horizonte plantea una forma de vida en la que prima es la propia carrera y la cuenta bancaria, merece ser rechazada. Asimismo, se palpa una nostalgia de los valores de antaño, de ahí la preponderancia de los partidos populistas y las derechas conservadoras, de ahí el triunfo de líderes políticos anti-sistema, de los revivals nostálgicos de regreso a la naturaleza, a la sabiduría antigua y la búsqueda compulsiva de experiencias exóticas y espirituales de la new age.

Las parejas hoy en día están rotas, golpeadas, sus sueños de amor romántico se  convirtieron en pesadillas, se desvanecen en una sociedad líquida en que todas las estructuras e instituciones que hasta hace poco nos parecían sólidas se diluyen, se evaporan en un ambiente de relación en la que sólo caben los reproches, las infidelidades y las exigencias frustrantes que los miembros de la pareja se hacen unos a otros, en interminables bucles de discusiones, quejas y exigencias impotentes.

Muchos piensan que el individuo, la pareja y la familia, tal y como los conocemos se han vuelto obsoletos, en un mundo virtual en el que nada permanece,  por lo que se han de buscar nuevas formas en las que vivir las relaciones. En tal ambiente asistimos también al florecimiento de nuevas formas de articular las relaciones sentimentales y familiares, poliamor, LAT (Living Apart Together), polimonogamia, experiencias virtuales, un sinfín de experimentos sociales y personales que buscan explícita o implícitamente la re-construcción de un ideal perdido, la recuperación de un modelo de relación que ya no responde a los retos presentes.

Si como ya dijo el Buda, hemos de aprender a andar por el camino de la vida sin un cielo arriba y sin un suelo abajo, en otras palabras, sin falsos ideales y sin fundamentos de paja, toca alzarse en el desierto nihilista que vivimos en busca de una relación consigo mismo y con los demás que atisbe e incorpore el nuevo nivel de consciencia que está llamando a la puerta a través de todos estos fenómenos. Más que rechazarlos se trata de acoger el huésped cuyas manifestaciones ya experimentamos y sufrimos. Acoger y dejarse enseñar por él es algo imprescindible para afrontar el presente y prepararse para el futuro que se avecina  aunque, esto que golpea en la puerta resulta atemorizante y  muchos lo rechacen instalándose, mejor evadiéndose, en la creencia ya denunciada por Nietzsche, de que nada han de aprender, que ya tenemos todas las respuestas y tenemos derecho a la felicidad.

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